El escuchar a las personas de los problemas que están atravesando es muy importante. Este simple acto puede hacer que la persona procese desde lo profundo de su corazón las palabras y sentimientos reprimidos. Escuchar es más que solamente oír, somos empáticos, es un detalle que el consejero distingue y es una disciplina que el consejero tiene que desarrollar dejando a un lado las distracciones para poner atencion a lo que el aconsejado expresa. En las primeras platicas solo debemos escuchar, después aconsejarle en un momento oportuno en donde se pueda reflexionar del problema sin interrumpir al aconsejado. necesitamos también observar la expresión corporal del aconsejado que dice que está pasando algo más, debemos esperar que ellos expresen verbalmente para poder preguntar en aquello de lo que les incomoda hablar; no sugiriendo lo que está pasando sino más bien el aconsejado debe expresarlo de corazón. Tenemos que oír y observar claramente para poder preguntar y pasar el tiempo suficiente con el aconsejado para que se llegue a una confianza y que él se pueda expresar con la ayuda del Espiritu santo, para escuchar hay que preguntar.