Introducción
El Espíritu Santo es Dios mismo. Es la tercera persona de la Trinidad y mora en el creyente, garantizándole que es hijo de Dios. O sea, es la presencia de Dios dentro de todo aquel que ha recibido a Jesús como su Señor y Salvador.
Cuando la Biblia habla sobre el Espíritu Santo, no lo presenta como una fuerza fría y distante, sino como una persona. Esto quiere decir que tiene emociones y anhelos, puede hablarnos, oírnos y moverse, desea amarnos y ayudarnos. Tal como lo son Dios Padre y Dios Hijo, el Espíritu Santo también es eterno, omnipresente y omnisciente. Es todopoderoso, es la verdad, es amor, justicia y es bondad.
Sin embargo, al ser una persona distinta al Padre y al Hijo, aunque los tres tienen la misma esencia, la manifestación de sus características es diferente. Tal como dice su nombre, el Espíritu Santo es espíritu. Por eso, puede morar en nuestros corazones, consolarnos y hablarnos en lo profundo de nuestro ser.
Hablando en términos prácticos, el Espíritu Santo es la persona de la Trinidad que está más involucrada en nuestra vida diaria. Pero muchos cristianos saben mucho más sobre el Padre y el Hijo, que del Espíritu Santo. En esta serie, descubriremos cómo se desarrolló históricamente la doctrina del Espíritu Santo, y exploraremos la obra dinámica del Espíritu en el mundo, en la iglesia y en los creyentes.
Objetivos de la Serie:
- Trazar el desarrollo de la doctrina de las distintas personalidades del Espíritu Santo dentro de la Trinidad.
- Explorar las obras de creación y providencia del Espíritu en el mundo en general.
- Explicar la obra del Espíritu en las comunidades del pacto del Antiguo y Nuevo Testamento de Dios.
- Examinar la obra del Espíritu en los creyentes individuales.
DR. HECTOR SALINAS AYALA
Dirección General
Currículum
- 4 secciones
- 16 lecciones
- 7 semanas
- Semana 15
- Semana 25
- Semana 35
- Semana 45
